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Bullying, drogas y salud mental

POR ALBERTO IBARROLA OYÓN –

La Asociación Navarra para la Salud Psíquica (Anasaps) ha organizado una charla-coloquio en la Casa de la Juventud de Pamplona, para el viernes 11 de mayo, en el que abordaremos, con motivo de la publicación de mi novela realista y social Las calles interminables(Ediciones Eunate), el tema del bullying o malos tratos y el consumo problemático de drogas en los adolescentes. Y es que éstos deben saber que esos consumos les pueden generar problemas de salud mental de diversa gravedad, además de ocasionarles dificultades extremas, no solo en su proceso de maduración, ya de por sí tumultuoso y turbulento, sino en su propio presente. A muchos de estos jóvenes las emociones intensas y las transgresiones les atraen de gran manera, la droga responde con frecuencia a ese llamativo reclamo y, por esa causa, se les debe informar de los riesgos reales y de que padecer enfermedades mentales resulta extremadamente doloroso, máxime que estas personas sufren un estigma social más incapacitante en muchos casos que la propia enfermedad. La rebeldía juvenil, además de ser una característica innata, bien encauzada puede convertirse en una motivación positiva que les lleve a comportarse de forma más autónoma, a ocupar su propio espacio y, en definitiva, a labrarse un porvenir. Sin embargo, cuando sirve para adquirir hábitos tan nocivos y consumos tan perjudiciales, que además generan terribles dependencias, acarrea consecuencias francamente indeseables.

La combinación de haber sufrido bullying, acoso escolar, malos tratos, abusos, etcétera, con el consumo abusivo de drogas, se puede convertir en un problema de gran complejidad que requiera un tratamiento psiquiátrico continuado. En los centros educativos deberían existir mecanismos adecuados de control que detectasen a tiempo estas agresiones, que por desgracia pueden proseguir en horario extraescolar y que en la actualidad suelen trasladarse también a las redes sociales. Muchas de estas víctimas tienen que aguantar que su entorno niegue esos malos tratos o abusos, o que directamente las responsabilicen. Esto explica por qué, cuando ha ocurrido alguna tragedia, por ejemplo el suicidio de un adolescente, tras salir a la luz que los sufría, nadie parezca haberse dado cuenta antes o que se argumente que la causa se hallaba en su carácter problemático y no en la falta de educación y ausencia de empatía de los maltratadores, a quienes, por otro lado, también convendría aplicar el tratamiento apropiado, sin escatimar una asistencia psicológica que indudablemente necesitan.

La sociedad debería permitir una aceptación y una integración social mucho más plena y satisfactoria para las víctimas de malos tratos y para las personas con problemas de salud mental. Para ello, sería muy positivo que los gobernantes y legisladores tomasen las medidas correspondientes, dejándose asesorar por expertos en estas materias: psiquiatras, psicólogos clínicos y demás sanitarios, trabajadores sociales, educadores, etcétera. Asimismo, se debe escuchar la voz de quienes han sufrido y sufren estos traumas, enfermedades y dolencias, abogando por su integración social, autonomía personal e inserción académica y laboral. Para abordar este asunto de forma correcta hay que dejar a un lado los prejuicios y tener en cuenta que todos podemos padecer a lo largo de nuestra vida, ya sea por las dificultades vitales, por el estrés, por herencia genética o por otros motivos, algún trastorno psicológico. Por ejemplo, el porcentaje de quienes sufren alguna vez un episodio psicótico es mucho más elevado de lo que podría suponerse. En el tratamiento de esta problemática no deben faltar importantes dosis de comprensión, empatía y solidaridad. No podemos olvidar que estamos hablando de seres humanos.

 

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El bullying y la salud mental

POR ALBERTO IBARROLA OYÓN –

Las víctimas de bullying, también en la Comunidad Foral, han sido desatendidas por los centros educativos y las instituciones públicas, y abocadas al infierno de la droga y de la marginalidad. Inevitablemente, muchas de ellas han acabado padeciendo problemas de salud mental. En Psiquiatría trabajan con esta hipótesis: cuando un niño, adolescente o joven se queja de haber sufrido malos tratos, en principio se lo está inventando. Esto ha propiciado que muchas personas, al llegar a edad adulta, sean mal diagnosticadas y se achaquen sus problemas con las drogas a deficiencias de carácter, negándose a tratar sus traumas y dolencias reales, con lo que las han destinado a la exclusión social y a la marginalidad, pues la sociedad no es benigna con este tipo de individuos. Uno de los prejuicios más resistentes al paso del tiempo y a multitud de evidencias consiste en designar a las personas con problemas de salud mental como seres despiadados y sin conciencia. Sin embargo, el porcentaje de crímenes que cometen se asemeja al de las que no los padecen. Nadie piensa que los asesinatos machistas, los atentados terroristas, la violencia política y religiosa y, por otro lado, los delitos cometidos por motivos económicos sean perpetrados por enfermos mentales (aunque se utilice la expresión, no se hace stricto sensu). Tal vez sea una característica propia cierto rasgo espeluznante en algunos casos, pero está demostrado que aquellos no son más violentos que el resto. Pese a que este dato es totalmente constatable y lo señalan todos los indicadores y baremos, el trato que se les ha brindado no ha sido ni mucho menos el adecuado, tampoco en el SNS-Osasunbidea, donde se han consumado mil atropellos e injusticias durante el periodo democrático. Con los enfermos mentales no se respetan los DDHH.

En la década de los 80 del siglo XX, un gobierno socialista decretó la Ley de Puertas Abiertas, con que las personas con problemas de salud mental dejaron de estar recluidas en psiquiátricos para procurar su sociabilización y su integración social. Esta ley, cuestionada por el sector más conservador de la sociedad, no impidió otras muchas tropelías contra estos seres humanos. Así, tenemos que en la década de los 90, en Osasunbidea se seguían aplicando electroshocks de forma sistemática, por ejemplo, a personas cuyos problemas partían de haber sufrido bullying, malos tratos, acosos y abusos en la infancia y adolescencia, a quienes, tal vez mientras cumplían el servicio militar obligatorio, sus síntomas por diferentes factores se habían agudizado. Del mismo modo, hemos asistido a una orgía del gasto farmacéutico motivado por los intereses comerciales de las empresas farmacéuticas privadas, que regalaban viajes y estancias en el extranjero a los psiquiatras y a otros sanitarios para supuestamente informarles de las características de tales o cuales medicamentos más o menos novedosos, pero siempre muy caros. Consecuentemente, en Salud Mental se han negado con rotundidad a aplicar terapias conversacionales a pacientes con patologías diversas, bajo el recurrente lema de “que se tomen la medicación y punto”. Los ingresos hospitalarios por el procedimiento de urgencia (detención de la policía especializada sin una vista judicial previa) han sido una constante para individuos que no habían manifestado ninguna agresividad inclusive. La reducción violenta y el amarre forzoso han sido recursos empleados sin más miramientos. Cualquier método ha sido válido, excepto entablar un diálogo resolutivo y fructífero. Y si éste se ha llegado a producir, no se ha dado crédito a lo que estas personas han narrado. Irónicamente, han sido la crisis económica, la desorbitada deuda pública y el gasto farmacéutico excesivo lo que ha favorecido, ya con el Gobierno del cambio, su reivindicación de que no las atiborren a pastillas y el motivo de la potenciación de los tratamientos conversacionales.

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Legado ambiguo del comunismo

POR ALBERTO IBARROLA OYÓN –

Los partidos comunistas más importantes de Europa Occidental, a saber, el PCI, el PCE y el PCF, han visto reducido su apoyo electoral hasta rayar la desaparición. El Partido Comunista de Italia derivó tras la caída del muro de Berlín en una organización socialdemócrata que ha alcanzado el Gobierno de su país en varias ocasiones. Sin embargo, parece demostrado que el PCI había sufrido un fraude electoral continuado que le impidió gobernar pese a haber ganado las elecciones varias veces durante la segunda mitad del siglo XX, bajo la excusa de que en un Estado miembro de la OTAN no podía gobernar el Partido Comunista. Cabe formularse la pregunta de cuántas veces ha sucedido este fenómeno fraudulento en las democracias occidentales, es decir, si la razón de Estado ha llevado a los poderes fácticos de algún otro país a trucar el resultado electoral en alguna otra ocasión. En ese caso nos birlaron la posibilidad de experimentar la acción de gobierno de un partido comunista en Europa occidental y en un sistema parlamentario, puesto que el PCI fue el impulsor del eurocomunismo, es decir, un comunismo adaptado a la pluralidad democrática y a la democracia representativa, lo que le costó la ruptura con el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). En el Estado español, el PCE había condenado el uso de la lucha armada ya a mediados del siglo XX, apostando por una política de reconciliación nacional. Adoptó también la ideología del eurocomunismo tras publicar Santiago Carrillo el libro Eurocomunismo y Estado, que marcó su línea política en la Transición, y que le costó no pocas discusiones, disensiones y expulsiones. A la par que la Iglesia católica se distanciaba de la dictadura franquista, el PCE rechazaba el concepto de dictadura del proletariado y efectuaba una dura crítica del estalinismo y del leninismo. Esta evolución le llevó a participar en la elaboración y la aprobación de la Constitución de 1978 y a sentar las bases de la coalición Izquierda Unida, que recogió el voto socialista desencantado. En cuanto al Partido Comunista de Francia, su peso en el Parlamento fue durante mucho tiempo decisivo, pero en la actualidad se ha convertido en un partido muy minoritario. Su voto tradicional, el del obrero, se ha concentrado paradójicamente en la extrema derecha del Frente Nacional.

Estos importantes ejemplos muestran cómo el comunismo se ha convertido, en el siglo XXI, en una ideología respaldada solo por una exigua minoría. Ahora bien, parece muy conveniente, desde el punto de vista del pensamiento y la teoría política, estudiar y valorar las políticas económicas que han defendido estos partidos, las que se aplicaron en las dictaduras comunistas inclusive, por muy criticables que sean, como lo son el uso de la violencia para alcanzar el poder, la falta de respeto a los Derechos Humanos, la arbitrariedad y la burocratización de la Administración y el mismo concepto de dictadura, por si pudiera aportar este estudio alguna luz a las ciencias políticas y económicas actuales, ya que el capitalismo también ha fracasado, como constatamos en las crisis periódicas que nos asuelan y en la injusta desigualdad creciente entre las clases sociales, fenómeno que en los escritos de Karl Marx aparece subrayado. De modo paralelo, entre los objetos de estudio, deberíamos examinar las causas de cómo, sobre la base de una pretendida liberación de la clase obrera y de los pueblos, se han podido generar monstruos horripilantes como la patética dictadura hereditaria de Corea del Norte o el motivo de que el régimen implantado por Mao Tse Tung en China haya degenerado en una dictadura neocapitalista, por citar solo algunos ejemplos. En un ámbito más próximo, alguien nos debería explicar, Alberto Garzón no lo hizo en su visita a Pamplona, por qué el PCE ha retomado el leninismo como base ideológica cuando todo indica que ese ideario está superado por la historia.

 

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Socialismo y nacionalismo democráticos

POR ALBERTO IBARROLA OYÓN –

En la Comunidad Autónoma Vasca, la colaboración entre el socialismo y el nacionalismo viene de muy atrás y responde a un espectro sociológico que se identifica con algunos rasgos de ambas ideologías. Así, un sector social bastante amplio ha votado tradicionalmente al PNV en las municipales y autonómicas y al PSOE en las generales. El PNV sigue venciendo en las autonómicas, pero en este movimiento dual del votante, Elkarrekin Ahal Dugu ha desplazado al PSOE como referente de la izquierda estatal. En Catalunya esta característica todavía ha sido más acusada: durante varias legislaturas, el PSC había sido el partido más votado en las generales, mientras que CiU acaparaba el poder local y autonómico. En Comú Podem podría haber sustituido al Partido Socialista en esa preferencia, pero tal vez no sea la izquierda sino Cs quien venza en Catalunya en las próximas generales. Este dualismo se daría también en Navarra si el PSN no hubiese repudiado por motivos de oportunismo político al sector vasquista de su militancia. En las convocatorias electorales pasadas, esta bifurcación del voto se ha repartido entre Geroa Bai en las forales y municipales, y Podemos-Ahal Dugu en las generales;pero, a causa de las peleas intestinas por el poder en la formación morada, parece probable que, en las próximas elecciones generales, Nafarroa vuelva a enviar un diputado nacionalista o abertzale al Congreso.

Esta ambivalencia de gran parte del electorado de las nacionalidades históricas podría propiciar que el PSOE, más Unidos Podemos, con el apoyo del nacionalismo democrático, gobernasen en el Estado y que, por tanto, el partido más corrupto de Europa, el PP, abandonase el poder, algo que se revela como una auténtica necesidad. Ante la evidencia de que la radicalidad del procés, que derivó en un simulacro de declaración de independencia y en la incoación del art. 155 de la CE, proviene en gran medida del trato que el Gobierno Rajoy y el Tribunal Constitucional han dado en mutua sintonía a la cuestión catalana, obtenemos la conclusión de que un gran pacto estatal con este nacionalismo catalán solo sería posible con el PSOE de Pedro Sánchez en el Gobierno de Madrid coaligado con Unidos Podemos. En todo caso, con el PP y Cs fuera de las instituciones y de los centros de poder.

El acuerdo entre las izquierdas estatales y el nacionalismo democrático parece harto difícil en estos momentos. De verificarse un ascenso importante de Cs en las próximas elecciones generales, si el PSOE obtuviese unos resultados aceptables, es decir, si incrementase su ventaja sobre Unidos Podemos, lo más probable sería un gobierno del Partido Socialista en coalición con Ciudadanos y, tal vez, con el apoyo pasivo del PP, ocupado en restañar las heridas tremebundas de la corrupción estructural que ha inoculado como partido en todas las instancias del poder político y financiero. Habrá quien piense que no tiene sentido tratar el asunto de las próximas elecciones generales en este momento, que restan más de dos años para las mismas;sin embargo, la situación insostenible a que ha conducido Rajoy al Estado español obliga a ello. El presidente del Gobierno español debe dimitir de forma inmediata, sin más dilación. No obstante, la colaboración de las izquierdas estatales y de los nacionalismos democráticos sería lo más deseable, ya que el pacto a que me refería arriba mantendría solapadamente al PP en la cima de las estructuras del Estado e implicaría pasar de largo sobre la imprescindible catarsis que exige la actual coyuntura histórica. En gran parte, el conflicto político y territorial gravísimo entre Catalunya y el Estado se ha provocado para desviar el foco de atención de la plaga de casos de corrupción, que de este modo consiguen no obtener el tratamiento debido por los medios de comunicación oficiales, y que un sector social importante mire interesadamente para otro lado.

 

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Riesgo cierto de recentralización

POR ALBERTO IBARROLA OYÓN –

Catalunya ha votado de nuevo, esta vez tras haber sufrido un grave atropello, con una aplicación arbitraria del artículo 155 de la CE que derrocó un gobierno legítimo, aupado por las urnas. El resultado de unas elecciones donde la alta participación supuso un factor de primer orden ha devuelto a los partidos nacionalistas catalanes la legitimidad de gobernar, arrancada por la fuerza y la imposición. Que miembros del Govern hayan sido encarcelados, hasta un vicepresidente, bajo la acusación terrible de haber habilitado espacios y urnas para que la sociedad catalana pueda votar constituye un escándalo histórico y una vergüenza para la democracia española, que no ha estado a la altura de este reto. Si no se reforma la Constitución de 1978 con el fin de abordar adecuadamente el problema territorial o, peor todavía, si se apuesta por profundizar en la recentralización, el problema se seguirá agravando hasta envenenar todavía más la política española.

Aunque sea cierto que no toda Catalunya es nacionalista, que una parte importante de la sociedad catalana apuesta por seguir formando parte del Estado español, el procés ha puesto de manifiesto que la Constitución postfranquista se ha quedado obsoleta y se revela como una necesidad imperiosa dar espacio a los anhelos nacionalistas de un modo razonable, en tanto en cuanto conforman mayorías sólidas en sus respectivos territorios. Sin embargo, el nacionalismo español, con el apoyo incondicional de la caverna mediática, se muestra partidario de una recentralización, de recortar las competencias autonómicas, de acotar el Estado de las Autonomías desarrollado en la década de los 80 del siglo XX. Ahora bien, con esa recentralización no conseguirán sino enajenar el Estado de Derecho y soliviantar las mayorías sociales catalana y vasca. En una hipotética reforma constitucional, se debería acometer el hecho diferencial catalán y vasco de un modo más eficaz. Intentar homogeneizar España como pretenden Cs y el PP, siguiendo la estela del dictador Franco, no hará sino agudizar el conflicto y conseguirá que se desaten los demonios del pasado, espíritus maléficos que conocemos bien y que no auguran nada bueno. Pretender acallar y neutralizar las aspiraciones legítimas del nacionalismo democrático es una tarea imposible, es ponerle puertas al campo, y si por lo menos aceptaran los poderes fácticos españoles que ni siquiera a la vista del art. 8º de la CE, con cuya aplicación viene amenazando la ministra de Defensa, van a conseguir enervar a los pueblos catalán y vasco, habríamos avanzado bastante.

Un acierto de la Transición fue designar como nacionalidades históricas a Catalunya, Euskadi y Galicia. En eso no se puede retroceder ni un ápice. Ciertamente, el café para todos puede ser cuestionable, pero en un sentido positivo, nunca restrictivo. El hecho diferencial debe seguir quedando bien patente y si esto no se comprende, el problema subsistirá. No se trata de supremacía ninguna, sino de aceptar al diferente y respetar sus derechos, aunque ello significase una remodelación territorial profunda. En el Estado español existe un riesgo evidente de recentralización, que se manifiesta, por ejemplo, en la declaración de inconstitucionalidad de numerosas leyes aprobadas por el Parlamento de Navarra. Y en Catalunya ya han avisado de que no lo van a permitir, pero algunos erre que erre apuestan irresponsablemente por defender esa vía antidemocrática. La incoación del 155, cuyas consecuencias podrían hacer que el Estado español derivase en un régimen autoritario, tras la intervención de la autonomía catalana, el derrocamiento y encarcelamiento del Govern y la disolución del Parlament, ha supuesto un fracaso del Estado de Derecho ¡y todavía hay quien busca echar más gasolina al fuego!

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Los 80, una década controvertida

POR ALBERTO IBARROLA OYÓN –

La década de los 80 del siglo XX supuso una transformación social sin precedentes en el Estado español. En unos pocos años, se pasó del nacionalcatolicismo a un socialismo de corte liberal tanto en lo económico como en lo moral. La convulsión social fue tremenda, pues la traumática ruptura generacional estuvo marcada por una gran radicalidad. Se produjo una auténtica revolución sociocultural, sobre todo en Madrid, Barcelona y en el norte de la Península. En Euskal Herria, en tanto el fenómeno terrorista golpeaba las estructuras del Estado con enorme virulencia, diferentes movimientos juveniles adoptaron actitudes especialmente radicales y rupturistas, y llevaron al extremo unos comportamientos que, muchas veces, desembocaron en muertes prematuras por sobredosis, enfermedades infecciosas, el sida u otras patologías físicas y psíquicas. Como suele suceder en todas las revoluciones, con independencia de si se alcanza o no el poder, fueron muchas las bajas que debemos lamentar. Por otro lado, el terrorismo de Estado (el GAL) fomentó en una parte de la sociedad, principalmente entre la juventud vasconavarra, la desafortunada creencia de que algunas tesis de la organización terrorista ETA se verificaban.

Bob Dylan, precursor destacado de la contracultura, ha recibido el Premio Nobel por la enorme calidad del corpus de su cancionero. Los medios de comunicación estatales han rentabilizado la movida madrileña, pese a que muchos de sus protagonistas murieron demasiado jóvenes, víctimas de aquel ambiente en extremo creativo pero también transgresor y peligroso donde las drogas y el alcohol ocupaban un lugar destacado. Sin embargo, en este país se habla poco de nuestra movida, es decir, el rock radical vasco, etiqueta que tal vez no guste a todos aquellos que aparecen encuadrados en aquel movimiento sociocultural, pero que, en cualquier caso, define la personalidad y la trayectoria de varias generaciones de vascos y vascas, navarros y navarras, muchos de los cuales no sobrevivieron a esa vorágine revolucionaria. La contracultura, el rock and roll, el rock duro, el punk, el anarco punk, la incitación a la violencia política y contra la Policía o los movimientos pacifistas radicales, el uso y consumo abusivo de las drogas legales e ilegales, el gamberrismo exacerbado, la disociación entre moral y sexualidad… se trasgredieron normas seculares de convivencia a la par que se superaban también muchas barreras y tabúes;este proceso revolucionario consiguió buena parte de sus propósitos, aun a costa de la vida de muchos jóvenes, puesto que los patrones morales, culturales y conductuales de esta sociedad se transformaron radicalmente y tal vez para siempre.

Mientras algunos vivían esas experiencias al límite de sus fuerzas, se inauguraban o ampliaban las universidades públicas, aquí la UPV y la UPNA, y por primera vez en nuestra historia una generación de jóvenes de origen proletario accedía masivamente a la universidad. Al mismo tiempo, una protección social más avanzada generaba mayor calidad de vida e independencia entre la juventud, pese a la preponderancia de la economía sumergida y del desempleo endémico, que vinieron de la mano de la reconversión industrial exigida por la entrada de España en el Mercado Común Europeo en 1985. Así, la pluralidad juvenil y social y su impulso revolucionario de aquellos años mantienen su reflejo en la sociedad actual. Como retrato de aquella época compleja y homenaje a una juventud que fue capaz de transformar la realidad social, en mi novela Las calles interminables, publicada por la editorial navarra Ediciones Eunate, desarrollo una alegoría agridulce del felipismo en Navarra, con especial hincapié en finales de la década de los 80 cuando el PSN detentaba el poder.

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Nuevo impulso a la cultura navarra II

POR ALBERTO IBARROLA OYÓN –

El acuerdo programático del cuatripartito estableció que el Gobierno de Navarra elaborase una política cultural abierta y participativa, que promueva valores, cohesione la sociedad, que impulse la capacidad innovadora de la cultura y que desarrolle una Ley Foral de Derechos Culturales, algo que en Navarra nunca se había concebido antes. No se trata, por tanto, de un asunto baladí o superficial, sino de cumplir con un objetivo básico, de atender una necesidad social, que los gobiernos anteriores, lamentablemente, habían descuidado;sabido es que un sector de la derecha considera la cultura como un peligro para sus intereses particularistas. Para cumplir con este encargo y elaborar el ambicioso Plan Estratégico de la Cultura, el Departamento liderado por Ana Herrera ha convocado a la ciudadanía, a los profesionales del sector y a los agentes culturales más diversos. Como fruto de este proceso o implementación del mismo, existe un proyecto legislativo de la cultura que previsiblemente se debata en el Parlamento foral hacia enero o febrero de 2018. El carácter democrático-popular del procedimiento seguido crea un precedente sorprendentemente óptimo en la política cultural navarra, trasladable a otros ámbitos políticos de decisión. Esta nueva ley contendría principios irrenunciables: la garantía de los derechos culturales como subconjunto de los Derechos Humanos (un nuevo concepto este que se abre paso en las conciencias políticas) para toda la ciudadanía, el respeto a la diversidad, a la pluralidad, a la participación sin ningún tipo de discriminación, a la inclusión de las personas con discapacidad, la conservación del patrimonio material e inmaterial, la digitalización de fondos y contenidos públicos y privados y la accesibilidad a los mismos, la salvaguarda de la libertad de expresión y de creación (que ya recoge el artículo 20 de la CE pero que no siempre se cumple) o la protección de la propiedad intelectual y de los derechos de autor, entre otros.

Con carácter previo a la proposición de ley, 948 Merkatua, la Feria de la Edición de Geltoki y los demás eventos celebrados en Pamplona/Iruñea a mediados de noviembre pasado suponen ya un punto de inflexión, un antes y un después en la cultura navarra, en su difusión, en su desarrollo como industria y en la profesionalización creciente del sector. Con total probabilidad, el Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Pamplona, tras el éxito evidente de esta primera edición, se sentirán obligados a reeditar estos importantes acontecimientos culturales, cuyo alcance a nivel estatal, e internacional inclusive, ha colocado a Pamplona en un lugar destacado del panorama cultural, situando el listón muy alto para futuras ediciones. La afluencia y participación de la ciudadanía han sido notables, el número de empresas, profesionales y artistas acreditados ha superado todas las expectativas y la repercusión ha sido contundente y manifiesta.

El Gobierno de Uxue Barkos está concediendo una importancia máxima a la política cultural y a sus imbricaciones con la actividad económica y el empleo, algo inusual pero muy esperanzador. La presencia del vicepresidente económico, Manu Ayerdi, en la inauguración de 948 Merkatua no parece una casualidad. No sería nada deleznable que Navarra fortaleciese la industria y el comercio culturales, lo que incidiría en un florecimiento social que auguraría una etapa de gran prosperidad en todos los órdenes. Las épocas de bonanza han estado precedidas siempre de un desarrollo del pensamiento, de la ciencia y de las artes. En cambio, cuando desde el poder se ha impedido el acceso del pueblo a la cultura y se ha puesto trabas a la creatividad y la libertad de los pensadores, científicos, creadores y artistas, la decadencia y la miseria han hecho su aparición irremediablemente.

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