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           Este libro de cuentos ganó en 1997 el Premio Caliope y Polimnia, convocado por Ediciones El Paisaje. En la actualidad, esta primera edición está agotada. Queda algún resquicio de la misma, no obstante, en diferentes librerías:

Libros de Alberto Ibarrola Oyón

HISTORIAS DE UNA MODERNIDAD DUDOSA

Wook. Portugal. 

Bertrand. Portugal. 

Próspero. Hungría. 

Sin embargo, ha surgido una segunda edición tanto en papel como el libro electrónico.

AMAZON. LIBRO EN PAPEL.

AMAZON. LIBRO ELECTRÓNICO

 METAMORFOSIS BENDITA

               Ella vivía sola, en una casa a la orilla de un río, sin pretender que nadie participara de su vida. Se había retirado de la mundanal vida de la gran ciudad porque sentía que su verdadera identidad debía trascender en aquel lugar donde no existían interferencias para su pensamiento. En la ciudad, a su juicio, todo era vanidad y se recordaba a sí misma, ahora que estaba aislada, como un ser humano egoísta y superficial para el cual las relaciones humanas solo significaban interés. Ahora iba más allá y rememoraba, con verdadera nostalgia, aquellas escasas ocasiones en las que creía haber amado realmente. ¿Qué significaba la palabra amor? Se lo preguntaba una y otra vez mientras, en su nuevo sitio, paseaba por los bosques de aquella comarca deshabitada. Miraba las montañas lejanas que atrapaban las nubes como imanes impidiendo, afortunadamente para ella (así pensaba), que la lluvia hiciese su aparición, y un nuevo sentimiento la acompañaba sintiendo una alegría que nunca había sentido antes, tal era el efecto gratificante que la belleza de los paisajes naturales de aquella región le producían.

               Aquella casa era pequeña, pero suficiente para una sola persona. Por las mañanas, cuando el piar de los pájaros la despertaba, justamente después de la aurora, respiraba hondo y sentía su corazón palpitar y su cuerpo se estremecía de gozo.

           Había llegado a la conclusión de que, hasta entonces, había malgastado su vida. Recordaba con alivio los años de estudios universitarios, pero no le sucedía lo mismo con todos aquellos años en los que su trabajo la absorbió de tal modo que no pudo disfrutar de su tiempo como lo hubiera deseado. Pero no lo recordaba con dolor cuando advertía cómo gracias a su laboriosidad constante pudo comprar aquella casa encantadora donde se recuperaba de sí misma. Sin embargo, cuando imaginaba su vuelta a la ciudad y a su vida anterior, la angustia ahogaba su pecho. Debía cambiar su actitud frente a la vida para suprimir la sensación de que su vida era inútil para los demás y para sí misma. Al fin y al cabo, ¿cuál era su misión en la vida? ¿Se limitaría a seguir en su oficina toda la vida o, por el contrario, buscaría un sentido más profundo a todo lo que hacía? Se le ocurrió que lo anhelado por su sensibilidad y su corazón de una forma tan intensa era la belleza. ¿La belleza? Belleza encontraba en los lugares que había conocido viajando por el mundo. Había belleza cuando paseaba por la ribera de un río o cuando contemplaba, sentada en el jardín de su nuevo hogar, el ocaso del sol. Pero no la encontraba en las relaciones humanas que había mantenido hasta entonces. Pensó que sería hermoso el enamorarse verdaderamente de alguien merecedor de su amor, pero hacía años que había desistido de encontrar su pareja ideal. No obstante, en aquellos momentos de soledad, se le apareció en el ánimo la esperanza y encontró satisfacción pensando que, algún día, cuando toda su personalidad quedase renovada, su corazón se volcase hacia la persona que la hiciese feliz. Sin embargo, no quería depender de nadie, prefería convertirse en una mujer autosuficiente y fuerte que no la tirase la soledad (que tanto bien la había hecho en aquellos momentos) ni la falsa apariencia de benefactores que algunas personas adoptaban en su propio provecho.

            Por las tardes, se había acostumbrado a pasear por las extensas florestas que existían al otro lado del río. Contemplaba aquella belleza y sintió una envidia atroz por todo lo que era capaz de producirla. No era porque ella no fuese una mujer hermosa, al contrario, su belleza había destacado siempre entre la de las demás mujeres. Era otra cosa lo que le ocurría. Aquel sentimiento que la enloquecía la llevaba a darse cuenta de que nunca había creado algo en lo que existiera belleza alguna. Quizá era demasiado dura consigo misma, pero era así como se sentía. Todos sus actos hasta entonces habían sido dirigidos hacia la búsqueda de placer y necesitaba volverse generosa, por lo menos, una vez en su vida. Cuando su pensamiento le hacía desistir de creerse capaz de encontrar algo positivo en su ser y en su vida, una luz se encendió en su mente. ¡Ya sabía cómo hacer para trascender su yo individual! Volvió a su casa solitaria, cogió una pluma estilográfica y comenzó a escribir. Tenía muchísimas cosas que decir. Había encontrado su verdadera identidad. Tenía alma de artista.

Alberto Ibarrola Oyón

 

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